¿Comer de pie es malo para la digestión y la salud?

Comer de pie es malo para la digestión y la salud?

Diversas investigaciones han explorado los problemas y beneficios asociados con comer de pie, una postura que popularmente lo mismo se aconseja que se cree perjudicial para la salud.

La postura que se adopta para comer conoce distintas variaciones, casi siempre en función de determinadas épocas y culturas. En la antigua Grecia lo usual era comer recostados, una práctica común en Persia y, aun en la actualidad, en algunos países árabes y asiáticos.

Aristóteles, sin embargo, ya en su tiempo recomendaba sentarse a una mesa para favorecer una mejor digestión. Otra de las posturas comunes, casi siempre por razones de premura y urgencia, es comer de pie, a veces en la calle pero también en casa, un bocado apresurado que se ingiere al ritmo de las muchas ocupaciones de la vida contemporánea.

Este hábito, sin embargo, tiene mala fama, sobre todo porque se asocia con la rapidez de quien ni come bien ni aprecia los alimentos que come ni, en general, cuida su alimentación. En particular comer de pie se cree popularmente una causa de males como la dispepsia, la indigestión y la gastritis.

¿Pero cuánto de esto es cierto? Según el Sistema Nacional de Salud de Inglaterra y Gales (NHS, por sus siglas en inglés), en el caso de la dispepsia importa menos la postura que otros hábitos como el tabaquismo, el consumo de alcohol y el cuidado de una dieta balanceada y saludable tanto para prevenir como para curar la enfermedad. Incluso en ciertos casos la recomendación médica es que después de comer, la persona se mantenga firme y, con esto, evite que el reflujo de los ácidos gástricos.

En todo caso parece que la impresión generalizada acierta cuando adivina en el hábito de comer de pie un estilo de vida acelerado, con las consecuencias que esto conlleva para la alimentación. En un experimento realizado hace algunos años y publicado en el Journal of Applied Psychology encontró que quienes comen sentados tardan en promedio 34% más tiempo que quienes lo hacen de pie. Otras investigaciones relacionan a su vez el tiempo que dedicamos a comer con la prevención o el desarrollo de problemas digestivos.

Asimismo, parece ser que la velocidad de ingestión es uno de los principales factores para la sensación de saciedad. Gregory J. Privitera, de la Universidad de St. Bonaventure, en Nueva York, y otros colegas, investigaron este fenómeno, llegando a la conclusión de que comer rápido deja al comensal hambriento y, por consiguiente, provoca que este coma más de lo que debería.

Y si bien ninguna de estas investigaciones es definitiva, en especial porque hay otras que parecen probar lo contrario, en última instancia lo importante es que el momento de comer sea un momento de conciencia, que tanto los alimentos ingeridos como el hecho mismo de comerlos partan de una decisión, un proceso mental que lo mismo nos haga elegir lo mejor para nosotros como disfrutar eso que, por medio de la alimentación, estamos haciendo parte de nuestro cuerpo.

[BBC] [Ecoosfera]