Las motivaciones ocultas detrás de una disculpa

Las motivaciones ocultas detrás de una disculpa

Pedimos disculpas cuando herimos a alguien porque es civilizado, pero ¿nos disculpamos principalmente para sentirnos mejor?

A la mayoría de nosotros nos inculcaron desde muy temprana edad que después de hacer algo que afecta de manera negativa a alguien más lo correcto es disculparnos, pedir perdón, tratar de deshacer con nuestro arrepentimiento un poco del daño que hemos causado.

No obstante, a nadie le gusta disculparse porque (para algunos) significa admitir derrota, admitir que hicimos algo mal, aceptar una especie de sumisión a la otra persona cuya moralidad sigue intacta. Algunas personas sin embargo han argumentado que disculparnos nos hace sentirnos bien ya que es quitarnos un peso de encima; el equivalente a borrar todos nuestros errores y presumir de nuestros valores intachables.

El profesor Tyler G. Okimoto de la Universidad de Queensland expresó que disculparnos, efectivamente, nos hace sentir un poco mejor, sin embargo no nos hace sentir tan bien cómo cuando alguien nos pide que nos disculpemos y nos negamos.

Esto último puede ser cierto, pero la razón por la que nos disculpamos no es para lograr que el que cometió el daño se sienta mejor, es todo lo contrario. Una disculpa debe venir acompañada de una concientización y una promesa implícita de no volver a cometer una acción dañina.

Okimoto y otros investigadores argumentan que a pesar de que no disculparnos puede hacernos sentirnos mucho mejor que disculparnos, a través del acto de una disculpa honesta refuerza los vínculos comunitarios y reduce la violencia interpersonal.

Al criar a un hijo intentamos garantizar, a través de su formación familiar que un día se convierta en un adulto virtuoso, que sepa reconocer sus errores y pueda enmendarlos. Entonces, aunque como adultos sepamos que una disculpa puede hacer sentir mejor al malhechor su propósito es que aprendamos a valorar los sentimientos del otro. Shankar Vedantam, uno de los investigadores concluyó que a personas con baja autoestima les cuesta más trabajo disculparse porque no les interesa participar dentro de su comunidad. Podemos inferir entonces, que las personas fuertes con un autoestima sano entienden el verdadero valor de una disculpa.

Vedantam argumenta que los niños no se disculpan porque se sienten vulnerables; para enseñarles el valor de pedir perdón hay que hacerlos sentir seguros y queridos. No se les quiere menos por haber cometido un error, al contrario, aceptarlo los hace más fuertes porque aprenden a respetar a los demás y comprenden el papel que desempeñan dentro de una comunidad funcional.

Todos debemos comprender que disculparnos no tiene que ver con los sentimientos de uno, sino del otro. Aceptar nuestros errores es la única manera de garantizar un desarrollo sano dentro de nuestra comunidad y además al considerar a la otra persona antes que nosotros nos hace más fuertes, no más débiles.

Con información de The Altantic.