#YoMeCuido | 14 preguntas sobre cáncer de mama

#YoMeCuido | 14 preguntas sobre cáncer de mama

Cinco mujeres representativas de distintas actividades profesionales transmitieron sus inquietudes sobre la enfermedad y cómo evitarla.

–¿Qué tan cerca está la ciencia médica de encontrar un remedio para prevenir y curar el cáncer de mama?

Puntualmente en cáncer de mama, la ciencia médica tuvo un avance importantísimo, no sólo en la terapéutica, sino en imagenología y en la genética. Esto permite sospechar, detectar y tratar la patología más tempranamente. Hoy podemos afirmar que todos aquellos cánceres mamarios de bajo potencial de agresividad, que son detectados en forma temprana y tratados rápida y adecuadamente, tienen casi un 100 por ciento de posibilidades de curación. Erradicarlo es una tarea más complicada y ardua; pero a ello están enfocados los avances científicos.

–Si la madre tuvo cáncer de mama, ¿cuáles son las probabilidades de que la hija lo padezca? ¿Es cierto en que el cáncer es una forma de somatización?

Si tenemos en cuenta que el factor hereditario o predisposición genética son factor de riesgo primario, y lo que llamamos cáncer de mama familiar y hereditario suman entre un 30 por ciento a 35 por ciento de los casos, podemos inferir que quien tenga –como en este caso– un familiar de primera línea con cancer de mama, tendrá más posibilidades de padecerlo. Somatizar es convertir un conflicto psíquico en un síntoma físico u orgánico. El cáncer no sería una forma de somatización, sino una patología concreta en la que confluyen causas y factores de riesgo. Allí podría incluirse a la somatización como una alteración para el sistema de defensa y control del organismo hacia ciertos factores predisponentes.

–¿En qué medida estos tratamientos inciden en el resto del organismo al punto de provocar otras enfermedades?

Debemos reconocer que no existe tratamiento oncológico inocuo (sin producir alteraciones); la mayoría lleva terapias combinadas (por ejemplo, cirugía + radioterapia + quimioterapia), prolongadas y agotadoras; no exentas de toxicidades, intolerancias y resistencias. Pero ante todo esto, ya conocido por los equipos terapéuticos, existen controles exhaustivos para monitorear cada terapia instaurada, con el fin de suspender, cambiar, espaciar o recombinarlas, y tratando así de producir la menor cantidad de alteraciones nocivas al organismo; y si estas de todos modos aparecieran; contar con las armas necesarias para hacerles frente.

–¿En qué circunstancias se deben realizar los estudios genéticos?

Los estudios genéticos se pueden realizar en cualquier paciente que lo requiera. Pero debemos aclarar que ellos tienen indicaciones precisas, que surgen de una combinación de factores personales y familiares asociados entre sí, que determinan la necesidad del dosaje, como el alto riesgo familiar y las patologías proliferativas de alto riesgo (precancerígenas). Antes de efectuar este test, las personas deben participar en entrevistas con médicos, asesores genéticos y psicólogos. Se les informa acerca de las limitaciones que puede tener este estudio, así como sus riesgos y beneficios. Se recomienda que el miembro de la familia que presenta un cáncer de mama sea estudiado primero, ya que si se presenta una mutación los familiares pueden ser analizados con un alto grado de confiabilidad. Habitualmente se estudia un segundo familiar para establecer el perfil genético basal de la familia.

–¿Con qué frecuencia se debe realizar el autoexamen de mama y a partir de qué edad?

El autoexamen mamario debe reali zarse una vez al mes; preferentemente, dos o tres días después de la menstruación. Buscamos o tratamos de apreciar: nódulos o bultos, retracción de piel o pezón, derrame por el pezón, cambios de color o textura de la piel de la mama. No existe una edad específica para el comienzo de la realización de este examen (la aparición del tejido mamario depende de factores orgánicos de crecimiento y hormonales que no se dan a la misma edad en todas las mujeres), pero podemos fijar la adolescencia como punto de partida para esta práctica mensual, y tomar arbitrariamente la edad de 15 años.

–¿Es cierto que no deben colocarse antitranspirantes antes de hacer una mamografía?

Se suele pedir a las pacientes que no usen antitranspirantes o desodorantes (tampoco algunas cremas humectantes o reafirmantes) el día en que deben hacerse una mamografía, porque muchos de estos productos contienen aluminio.

Este metal puede aparecer en una mamografía como pequeñas manchas y así producir defectos de técnica. Las partículas de dicho metal pueden verse como microcalcificaciones, las cuales son una de las alteraciones o distorsiones mamográficas que los médicos buscamos como posible señal de cáncer. No utilizar estos productos el día de la realización del estudio ayuda a evitar cualquier confusión o dificultad al examinar las mamografías.

–Si tuve hijos y les di de mamar, ¿tengo menos probabilidades de tener cáncer de mama?

El embarazo ocasiona muchos cambios hormonales en el organismo: detiene los ciclos menstruales de cada mes y cambia el equilibrio hormonal hacia la progesterona en vez del estrógeno. Debido a ello, es posible que las mujeres que tuvieron varios embarazos durante la juventud presenten un riesgo ligeramente menor de cáncer de mama posteriormente, pues se exponen a menos estrógeno. Las mujeres que no han tenido hijos, o que tuvieron su primer embarazo después de los 30 años, tienen un riesgo ligeramente mayor. Muchos estudios en el mundo sugieren que la lactancia puede reducir el riesgo de desarrollar cáncer de mama. Esto es más probable cuando una mujer amamanta de uno y medio a dos años, la razón sería que tanto lactancia como embarazo reducen el número total de ciclos menstruales en la vida de las mujeres. Como podemos ver, embarazo y lactancia son factores protectores ante este flagelo.

–¿Es aconsejable realizar el estudio de resonancia magnética de mama? ¿Debe hacerse anualmente?

La mamografía y el examen clínico son, sin lugar a dudas, las herramientas fundamentales para el diagnóstico temprano del cáncer de mama, pero también se debe tener en cuenta que ellas no son perfectas.

Para ello existen métodos imagenológicos complementarios, como la resonancia magnética nuclear (RMN, entre otros), indicado ante el fallo de otros estudios. A continuación, enumero las principales situaciones que justifican la indicación: discordancia entre mamografía y ecografía mamaria, problemas de diagnósticos en pacientes con prótesis, la necesidad de diferenciar una cicatriz de una recidiva (aparición de nueva tumoración en zona ya tratada), encontrar un ganglio axilar positivo con mamografía negativa, la decisión de realizar screening en pacientes de alto riesgo, presencia de pacientes con microcalcificaciones y diagnóstico histológico (biopsia) de malignidad, llevar adelante una política de seguimiento en pacientes tratadas con quimioterapia, encontrar una estadificación o graduación prequirúrgica del cáncer de mama. Por ende, la RMN es aconsejable en casos puntuales para complementar otros métodos y clarificar situaciones de difícil diagnóstico. No debe realizarse anualmente, ya que para el control mamario anual se utiliza la mamografía y la RMN no es su reemplazo, sino su complemento.

–En Estados Unidos, las personas que llegan a cierta edad y no se realizan una colonoscopia son desafiliadas de su obra social. Hoy, en la llamada “era de la medicina preventiva”, ¿por qué no existe una exigencia real para hacerse ciertos controles de rutina? ¿Es caro? ¿Es impracticable?

Se debe hacer hincapié en la educación para concientizar a toda la población sobre prevención y detección temprana de esta patología (algo que desde hace años pregona Lalcec). En nuestro país, donde la mayoría de las personas concurre a hospitales públicos, me parece la medida más correcta y viable. Nada de lo que apunta a la prevención es caro, ni impracticable, pero un sistema de obligatoriedad con premios y castigos no nos asegura el éxito. De todos modos, también se debe analizar el contexto e idiosincrasia poblacional para la aplicación de cada metodología.

El caso de la actriz norteamericana Angelina Jolie (se extirpó parte de las mamas sin estar enferma porque tenía un gen dañino que puede producirlo y su madre murió de cáncer de ovarios) despierta la duda de que todo antecedente genético es una predisposición. ¿En el caso de cáncer de mama es cierto? ¿También habría riesgo de afectación de otros órganos?

El llamado “cáncer de mama familiar” es aquel que se presenta con una historia familiar positiva de cáncer de mama (uno o más parientes de primero o segundo grado). El denominado “cáncer de mama hereditario” es el asociado con un riesgo de cáncer transmitido como rasgo mendeliano positivo. La mayoría de los cánceres hereditarios de mama y ovario afectan a más de un miembro de la familia y, cuando dos o más de ellos de la primera generación son afectados, es calificado “síndrome de cáncer familiar”. El “cáncer de mama esporádico” es aquél que no permite demostrar su origen familiar o hereditario.

El cáncer de mama más frecuente es el esporádico (oscila entre 65 por ciento y 70 por ciento); el familiar se presenta del 20 al 25 por ciento de los casos, y el hereditario, en el 10 por ciento restante. Como vimos anteriormente, la predisposición genética es un factor de riesgo primario para el cáncer de mama, pero también podemos observar que la mayoría de estos son esporádicos.

Por lo tanto, el factor genético es predisponente; pero no quiere decir que, quien lo posea, tendrá sí o sí cancer de mama (u otro), sino que tiene un riesgo más elevado de padecerlo, por lo que deberá ser más riguroso en sus controles.

–En algún momento se dijo que las mujeres judías asquenazí tenían predisposición a portar la mutación dañina del gen. Provengo de una familia asquenazí y no conozco antecedentes de cáncer de mama. De todas formas, ¿es posible? ¿O es un mito?

Claramente, las estadísticas avalan una mayor preocupación por parte de las mujeres de origen asquenazí frente a la posibilidad de desarrollar, durante sus vidas, cáncer de mama. Y, en efecto, según las estadísticas, el 2,5 por ciento de las mujeres de origen asquenazí podrían tener una mutación genética relacionada con el cáncer de mama y, producto de esta anomalía, tienen entre un 50 por ciento y un 80 por ciento de posibilidades de desarrollar esta enfermedad.

En la población general, la mutación del gen aparece en el 0,2 por ciento a 0,5 por ciento de los casos, mientras que en los asquenazí se da más o menos en el 2,5 a 3 por ciento de los casos. Si tienen mutado el gen BRCA 1, existe un 50 por ciento a un 80 por ciento de posibilidades de desarrollar cáncer de mama durante la vida, mientras que para el gen BRCA 2 este riesgo baja a un 50 por ciento para el mismo cáncer.

Gran cantidad de estudios identificaron algunas enfermedades recurrentes entre judíos y científicamente hasta se habla del “gen Asquenazí”, presente en algunos cánceres y enfermedades metabólicas. Por tal motivo, podemos decir que, aun sin antecedentes, las mujeres judías de origen asquenazí tienen mayor riesgo que el resto de la población de padecer esta enfermedad y, además, asegurar así que esta relación no es un mito, sino una realidad.

–¿Hay algo que uno pueda hacer para prevenir el cáncer de mama (alimentación específica, hábitos, etcétera)?

La obesidad es un factor de riesgo intermedio para cáncer de mama. Alcohol, tabaco, dietas no equilibradas, poca actividad física, exposición a plaguicidas, son factores de riesgo asociados. Como vemos, tanto factores alimentarios y ambientales, como hábitos de vida, si bien no son factores de riesgo primarios, influyen de manera moderada en la aparición de patología mamaria maligna.

–¿Hay factores de riesgo que me hagan más propensa al cáncer de mama?

Sí los hay. A continuación, enumero los (hoy) considerados factores de riesgo primarios

Edad. El 70 por ciento de los casos se verifica entre los 40 y los 60 años y el 5,2 por ciento, antes de los 36 años.

Antecedentes hereditarios (predisposición genética). Se encontraron dos genes variantes que parecen intervenir: el BRCA 1 y el BRCA 2. Las mujeres portadoras de mutaciones de estos genes comienzan con una disfunción preexistente del sistema de control y vigilancia del organismo contra el cáncer.

Historia ginecológica. Incluye la presencia de enfermedad mamaria previa, ventana estrogénica amplia, nuliparidad y falta de amamantamiento, terapia de reemplazo hormonal. Durante los años reproductivos de una mujer, los altos niveles hormonales, especialmente cuando estos no han sido interrumpidos por los cambios hormonales del embarazo, parecen aumentar las posibilidades de que las células genéticamente dañadas crezcan y causen cáncer.

–¿Una mujer a la que se le ha detectado cáncer de mama puede darle el pecho a su hijo?

En este caso estamos hablamos de cáncer de mama y embarazo, específicamente cuando aparece durante la gestación o es diagnosticado hasta un año después de producido el parto. La mayoría de los médicos recomendamos que las mujeres que ya hayan dado a luz y que van a recibir tratamiento contra el cáncer de mama suspendan (o no comiencen) la lactancia.

Si se contempla realizar una cirugía, la suspensión de la lactancia ayudará a reducir el flujo sanguíneo a las mamas, haciendo que estas reduzcan su tamaño, lo que puede ayudar con la operación. Además, ayuda a reducir el riesgo de infección en los senos, y puede ayudar a evitar que se acumule leche materna en las áreas de biopsia o cirugía.

Muchos medicamentos de quimioterapia, terapia hormonal y drogas de terapias dirigidas pueden filtrarse en la leche materna y, por lo tanto, afectar al bebé. Es por esto que si la madre está recibiendo cualquiera de estos tratamiento, no debe amamantar.

Si el cáncer de mama es detectado durante el embarazo, el equipo médico ya tendrá planificado el tratamiento inmediato a la finalización de la gestación y, por todo lo antedicho, se evitará la lactancia durante la terapia oncológica.

*Especialista en Tocoginecología, miembro del equipo médico de Lalcec.